Las barreras sociales en los trastornos alimentarios

Resumen
Las habilidades sociales son un conjunto de capacidades que nos permiten relacionarnos de manera positiva con las personas y nos ayudan a comunicarnos y comprendernos mejor para poder construir una relación saludable con los demás.
Son las diferentes herramientas que nos permiten crear vínculos positivos que nos sumen y nos ayuden a mantener nuestra salud mental, ya que nos facilitan:
- Poder expresar nuestras emociones y pensamientos.
- Tener una escucha activa.
- Entender los diferentes puntos de vista en una conversación.
- Poder enfrentar las diferentes situaciones sociales del día a día.
- Afrontar los conflictos que van surgiendo.
En los trastornos de la conducta alimentaria las habilidades sociales suelen verse afectadas debido a que las personas que tienen este trastorno tienen que lidiar con la ansiedad, la autoestima baja, el sentimiento de vergüenza o su preocupación constante por la imagen corporal cuando interactúan con su entorno más cercano.
El impacto del TCA no solo condiciona la relación que la persona tiene con la alimentación o su cuerpo, sino también, su mundo emocional y social. La dificultad para comunicar y expresar sus emociones o la evitación de ciertos contextos sociales por miedo al juicio puede desencadenar una dinámica de aislamiento que acaba manteniendo la sintomatología.
Qué habilidades sociales pueden afectarse
Las habilidades sociales que suelen verse más afectadas en personas con diagnóstico de TCA son:
Comunicación asertiva
Es la capacidad de poder expresar lo que pensamos, sentimos o necesitamos de manera respetuosa y clara, sin mostrar agresividad, sumisión o evitación. Las personas con TCA a menudo tienen tendencia a reprimir la expresión emocional como mecanismo de defensa y evitan hablar de ciertos temas más personales o de lo que realmente quieren, sienten o necesitan, por miedo a confrontarse con la reacción de la otra persona o su posible juicio. Pueden mostrarse también con cierta agresividad cuando quieren tener el control sobre su alimentación o imagen corporal.
Las personas con TCA tienen que lidiar con la ansiedad, la autoestima baja, el sentimiento de vergüenza o la preocupación constante por su imagen corporal cuando interactúan con los demás.
Empatía y conciencia emocional
La empatía es la habilidad de poder reconocer y comprender los sentimientos de los demás. Las personas con TCA, debido a la obsesión por su imagen corporal o por la alimentación, tienden a focalizarse en ellas mismas, y por eso les es más difícil poder percibir qué sienten los demás.
Asimismo, la dificultad para dar valor a lo que sienten o piensan repercute en la conexión emocional con los demás; y la distorsión sobre la percepción que los demás tienen sobre ellas condiciona la expresión emocional y las relaciones sociales, y dificulta la confianza.
Resolución de conflictos
Hace referencia a las diferentes estrategias para afrontar y manejar los conflictos interpersonales. El uso de la evitación como solución al problema acaba generando mayor frustración, miedo a la crítica o decepción en el otro, así como incremento de la tensión y angustia, que puede ser canalizada a través de los síntomas alimentarios: restricción, fijación por el peso, compensaciones, atracones, etc.
La tendencia al perfeccionismo en estas personas hace que no toleren el error o la frustración, lo que limita el manejo de los desacuerdos, las críticas o las estrategias de negociación social. Por eso suelen optar por la evitación de confrontaciones o conflictos, generando así más malentendidos y tensiones en las relaciones. A su vez, esta dinámica relacional perpetua un autoconcepto pobre, distorsionado, que hace que puedan sentir más fragilidad y vulnerabilidad a la hora de afrontar los problemas o determinadas situaciones sociales.
Interacción en contextos sociales y relaciones saludables
Es la capacidad de crear y mantener relaciones interpersonales sanas de manera espontánea y la capacidad de poder disfrutar de ellas.
A menudo puede suceder que las personas con TCA experimenten altos niveles de ansiedad social y que la relación con los otros se perciba como un estrés. Esto se debe a la preocupación por su imagen corporal o bien porqué la mayoría de las celebraciones sociales implican comidas, cenas o meriendas. El foco se sitúa en la comida y puede despertarse el miedo a perder el control sobre su comportamiento alimentario, generando mucho más malestar emocional.
Se suman también las inseguridades que pueden tener en determinados contextos sobre si van a ser aceptadas o juzgadas, anticipando el miedo a sentirse observadas por los demás, a ser criticadas por su cuerpo, peso y forma de ser e, incluso, a recibir comentarios sobre sus hábitos alimentarios. Este estrés que se produce impide que la persona pueda estar presente y disfrutar de sus relaciones.
Por otro lado, la necesidad de validación externa puede desencadenar una falta de autenticidad, dejar de ser o no saber reconocerse debido a que se ha generado una costumbre de desatender y anular las propias necesidades para priorizar lo que los otros (creen que) necesitan de ellas. Esto comporta una mayor dificultad para poner límites sanos y tener relaciones de sumisión o fusión emocional.
Pedir o recibir ayuda
Nos referimos a la capacidad de reconocer cuándo se necesita un apoyo externo y pedirlo de manera efectiva y saludable.
Las personas con TCA suelen presentar resistencia al apoyo, debido a que interpretan la ayuda como una señal de debilidad o vulnerabilidad ante los demás. También relacionan la ayuda a la necesidad de cambiar sus mecanismos de defensa y control, es decir, su comportamiento alimentario o su percepción corporal, aspectos que generan mayor resistencia al cambio.
Trabajar las habilidades sociales es indispensable durante el proceso de tratamiento y de recuperación, para favorecer el bienestar emocional, la autoestima y la calidad de vida de la persona con TCA.
En definitiva, las habilidades sociales representan más que gestos o palabras, son los hilos invisibles que nos conectan con nosotros mismos y con el mundo, pero cuando hay una percepción distorsionada de la propia imagen, sentimientos de insuficiencia, autoexigencia y silencio, estos hilos pueden debilitarse.
Poder reconocer qué habilidades están dañadas y comprender por qué, es el primer paso para poder mejorarlas. Expresar lo que uno siente o necesita, a pesar del miedo, permite transformar el dolor, la angustia, la autoexigencia y los propios juicios en diálogo, abriendo la posibilidad de encontrar comprensión, refugio, cariño, ayuda y una nueva perspectiva.
Mejorar las habilidades sociales es un factor indispensable durante el proceso de tratamiento y de recuperación, que favorece el bienestar emocional, la autoestima y la calidad de vida. Sanar significa también aprender a sentir, decir y compartir.
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