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Obesidad y autismo: entender la relación y prevenirla

Causas, riesgos y estrategias de prevención
Ares Sentenach Carbó

Ares Sentenach Carbó

Enfermera pediátrica. Unidad de Obesidad. Área de Endrocrinología
Hospital Sant Joan de Déu Barcelona
Grupo de chicos, uno de ellos con sobrepeso.
Ⓒ Obesity Action Coalition

Resumen

El trastorno del espectro del autismo (TEA) está asociado a un mayor riesgo de obesidad debido a factores biológicos, conductuales y sociales. Además, el uso de ciertos medicamentos y una dieta selectiva pueden contribuir al aumento de peso. La obesidad puede tener efectos físicos, emocionales y sociales adversos en personas con TEA, reforzando un ciclo negativo. Es crucial promover hábitos alimentarios saludables, adaptar la actividad física, regular el sueño y apoyar a los cuidadores para prevenir la obesidad. Un enfoque integral e interdisciplinario debe implicar a familias, escuelas y profesionales para mejorar la calidad de vida de estas personas.
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El trastorno del espectro del autismo (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta a la comunicación, la interacción social y los patrones de comportamiento. Cada persona con autismo es diferente y presenta necesidades únicas, pero en las últimas décadas varios estudios han puesto de manifiesto una realidad que preocupa: las personas con autismo tienen mayor riesgo de tener obesidad que la población general.

La obesidad, por sí misma, es ya un reto de salud pública. Cuando se combina con el autismo, puede tener consecuencias físicas, emocionales y sociales que afectan a la persona y a su entorno familiar. Por eso, es fundamental entender por qué se establece esta relación, qué riesgos comporta y qué estrategias podemos implementar para prevenirla y mejorar la calidad de vida de las personas con TEA.

¿Por qué las personas con autismo tienen más riesgo de tener obesidad?

La relación entre obesidad y TEA es compleja y multifactorial. No existe una única causa, sino un conjunto de factores biológicos, conductuales y sociales que interaccionan entre ellos.

Factores biológicos y metabólicos

Algunas investigaciones sugieren que las personas con autismo pueden presentar alteraciones en la regulación del ritmo circadiano y en ciertas hormonas relacionadas con el apetito y el metabolismo, como la melatonina, el cortisol o la leptina. Estos desequilibrios pueden favorecer una tendencia al aumento de peso.

Medicación

Muchas personas con autismo reciben tratamiento farmacológico para gestionar síntomas como la ansiedad,la irritabilidad o el déficit de atención. Algunos psicofármacos tienen como efecto secundario el incremento del apetito y la ganancia de peso, un factor que puede contribuir al desarrollo de la obesidad.

Alimentación selectiva y procesamiento sensorial

Un rasgo muy común en el autismo es la hipersensibilidad o hiposensibilidad sensorial. Los alimentos no sólo se comen: también se ven, se huelen, se tocan y se sienten en la boca. Para muchas personas con autismo estas características pueden ser abrumadoras o, por el contrario, necesarias para buscar estímulos concretos.

Esto se traduce en una alimentación selectiva:

  • Preferencia por determinadas texturas (muy crujientes o muy suaves).
  • Rechazo a alimentos de colores vivos o con olores intensos.
  • Tendencia a elegir productos ultraprocesados, más previsibles en sabor y textura.

Esta dieta poco variada puede favorecer el exceso de calorías y, al mismo tiempo, generar importantes déficits nutricionales.

Niño rechazando la comida

Dificultades alimentarias en las personas con TEA

Baja actividad física

Las dificultades motoras o sensoriales, la falta de motivación social o la preferencia por actividades sedentarias (como los videojuegos o el uso de pantallas) pueden reducir el nivel de actividad física. En algunos casos, las experiencias negativas en deportes colectivos (por falta de inclusión o adaptación) también favorecen el abandono.

Las personas con autismo tienen mayor riesgo de sufrir obesidad que la población general. Es importante entender por qué se establece esta relación, qué riesgos comporta y qué estrategias podemos implementar para prevenirla.

Alteraciones del sueño

Los problemas de sueño son frecuentes en el TEA. La falta de descanso adecuado puede alterar el metabolismo y las hormonas del apetito y hacer que la persona tenga mayor predisposición a comer alimentos procesados ​​y grasos.

Factores familiares, sociales y cansancio del cuidador

Los cuidadores a menudo experimentan fatiga física y emocional, y esto repercute en la alimentación y los hábitos familiares. Cuando los padres, madres o cuidadores están cansados, es más fácil recurrir a opciones rápidas como la comida preparada, las bebidas azucaradas o el uso de pantallas para entretener a los hijos. Estas decisiones, aunque comprensibles, pueden contribuir a un estilo de vida menos saludable ya un mayor riesgo de tener obesidad.

Cuando los padres o cuidadores están cansados, es más fácil recurrir a opciones rápidas como la comida preparada, las bebidas azucaradas o el uso de pantallas para entretener a los hijos.

¿Qué puede suponer la obesidad para las personas con autismo?

La obesidad tiene importantes consecuencias en cualquier persona, pero en el contexto del TEA sus efectos pueden ser aún más marcados.

Consecuencias físicas

  • Aumento del riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
  • Problemas ortopédicos y dificultades de movilidad.
  • Apneas del sueño, que empeoran aún más los problemas de descanso.

Consecuencias emocionales

Las personas con autismo tienen mayor predisposición a la ansiedad o la depresión. La obesidad puede añadir una carga emocional extra, con sentimientos de frustración y baja autoestima.

Impacto social

El estigma asociado al peso, sumado a las dificultades sociales del TEA, puede generar un mayor aislamiento. Esto reduce las oportunidades de participar en actividades educativas, lúdicas o laborales.

El ciclo negativo

Cuando la obesidad se instala, puede agravar los síntomas del TEA: menos energía, más cansancio, menos interacción social y mayor dificultad para establecer rutinas. Esto crea un círculo difícil de romper, en el que la obesidad y el trastorno se alimentan mutuamente .

Dos personas con obesidad

El estigma del peso: un problema de salud pública

¿Cómo prevenir y abordar esta realidad?

La buena noticia es que existen muchas estrategias que pueden ayudar a reducir el riesgo de obesidad y a promover un estilo de vida saludable en las personas con TEA. La clave es adaptar las recomendaciones a cada persona y hacerlo de forma gradual y respetuosa.

Promover hábitos alimentarios saludables

  • Introducir nuevos alimentos de manera progresiva, ayudar a cocinar, acompañar a realizar la compra o a planificar menú saludable.
  • Ofrecer presentaciones creativas: cortar las frutas en formas atractivas, utilizar colores o útiles visuales.
  • Trabajar con dietistas-nutricionistas especializados en TEA para adaptar las recomendaciones.
  • Evitar presiones excesivas: el objetivo es ampliar la dieta, no convertir las comidas en fuente de conflicto.

Tener en cuenta el procesamiento sensorial

  • Adaptar texturas y temperaturas de alimentos según la tolerancia de la persona.
  • Introducir cambios pequeños y constantes, para reducir la resistencia.
  • Emplear estrategias visuales o de juego (por ejemplo, historias sociales o cuentos sobre alimentos) para generar interés.

Fomentar la actividad física adaptada

  • Buscar actividades que conecten con los intereses de la persona (por ejemplo, andar observando insectos, bailar, nadar o practicar artes marciales).
  • Proponer rutinas estructuradas, visuales y repetitivas que den seguridad.
  • Incluir la actividad física dentro de la vida cotidiana (ir caminando a la escuela, subir escaleras, ayudar a realizar tareas domésticas).

Para prevenir la obesidad es necesario promover una alimentación equilibrada y adaptada a las necesidades sensoriales, fomentar la actividad física inclusiva y agradable, regular el sueño y apoyar a los cuidadores.

Regular el sueño

  • Establecer horarios fijos para acostarse y levantarse.
  • Crear un ambiente tranquilo, con poca luz y ruido.
  • Evitar pantallas antes de ir a la cama.
  • Consultar con profesionales de la salud si persisten los problemas de sueño.

Atención médica y farmacológica

  • Revisar periódicamente la medicación para valorar sus efectos secundarios sobre el peso.
  • Ajustar tratamientos si fuera necesario, siempre bajo supervisión médica.

Apoyar a los cuidadores

  • Reconocer el cansancio del rol del cuidador y ofrecer recursos de soporte.
  • Promover espacios de descanso y autocuidado para las familias.
  • Facilitar grupos de apoyo, asesoramiento, becas comedor y programas comunitarios que ayuden a compartir experiencias y estrategias.
  • Cuando la persona cuidadora se siente acompañado y dispone de tiempo de cuidado, es más fácil que pueda establecer rutinas saludables y sostenibles para toda la familia.

Enfoque positivo y no culpabilizador

Es importante hablar de salud y bienestar, no sólo de peso. Establecer pequeños objetivos alcanzables y celebrar progresos puede ser mucho más motivador que fijarse en el número de kilos.

Chica corriendo por la ciudad

Hacer deporte cuando tienes autismo


La relación entre obesidad y TEA es compleja y multifactorial. Intervienen aspectos biológicos, conductuales, sensoriales y sociales, y por tanto no hay una solución única. Es necesario un abordaje integral e interdisciplinario que implique a familias, escuelas, profesionales sanitarios y a la comunidad.

La prevención pasa por:

  • Promover una alimentación equilibrada y adaptada a las necesidades sensoriales.
  • Fomentar la actividad física inclusiva y placentera.
  • Regular el sueño y revisar la medicación.
  • Apoyar a los cuidadores, para que puedan establecer rutinas saludables sin sentirse sobrecargados.

Más allá de los números de la báscula, lo que está en juego es la calidad de vida de las personas autistas y sus familias. Apostar por entornos inclusivos, saludables y respetuosos es la mejor forma de prevenir la obesidad y promover una buena calidad de vida.